Crónicas Hispánicas del siglo XXI

La visión hispanoamericana de la actualidad mundial desde diferentes puntos del planeta

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Cuento de esta, nuestra Comunidad

Posted by aescalante en febrero 8, 2010

Hace tiempo que el edificio empezó a presentar grietas, pero el presidente de la Comunidad decía que sólo eran desconchones en la pintura.

-. “Nada importante. Sois unos exagerados y sólo queréis fastidiarme”.

El del 2º Derecha, sin embargo estaba preocupado.

-. “Cuando mi padre era el presidente, tenía la finca tan bien cuidada que nunca aparecieron grietas. Pero todo lo que tocas tu, lo acabas jodiendo. ¿Por qué no llamamos a algún arquitecto para que mire estas grietas y nos diga si tenemos que hacer alguna obra?”

Pero el presidente de la Comunidad se negaba.

-. “¡Qué no son grietas! ¡Qué pesado eres! De todas formas, para que te quedes tranquilo, les voy a dar un poco de yeso y una manita de pintura. Va a quedar como nuevo”.

Así lo hizo, pero al poco tiempo, las grietas estaban otra vez a la vista. Él, armado de paciencia, cogía de nuevo la llana y la brocha. Pero cuando se descuidaba, allí estaban otra vez. Al final, tuvo que reconocer la evidencia.

-. “Vale. Es cierto –dijo- son grietas. Pero no son tan grandes. Y además, son culpa del edificio de al lado. Se les ha caído un muro y ha repercutido en nuestro bloque. En cuanto lo arreglen ellos, asunto solucionado. No habrá que preocuparse más”

-. “Hombre, presidente, no basta con que los del portal de al lado arreglen su muro. Nosotros deberíamos solucionar nuestras grietas con algo más que yeso y pintura”

-. “He dicho que no. Además, la mayoría de los vecinos me apoya”

Así quedó la cosa. Con el paso de los meses, la Comunidad vecina comenzó a rehabilitar por completo el edificio. Echó abajo muros, revisó estructuras e incluso limpió su fachada. Invirtió mucho dinero en una obra que provocó molestias, ruidos, peleas y disgustos. Incluso le costó el puesto al antiguo presidente, muy quemado ya con otras peleas internas ajenas a las grietas. Aún falta tiempo para que esté terminada. Pero ya empiezan a verse resultados y cuando coinciden en el ascensor, los vecinos ya hablan de que lo peor parece haber pasado.

En nuestra Comunidad, empero, las grietas se han convertido en agujeros y los agujeros empiezan a convertirse en boquetes que no hay yeso que los oculte. El presidente ha empezado a asustarse y decide cambiar el discurso.

-. “Vecinos, soy consciente de las deficiencias de la finca. Pero tened en cuenta que hemos aguantado casi un año más que los del portal de al lado y no nos hemos tenido que gastar tanto dinero como ellos. Además, nuestras grietas son culpa de que mi predecesor abusó de unos ladrillos caros y de poca calidad. Pero claro, como se los vendían sus amigos…”

-. “Presidente –dijo el del 2º Derecha-  nosotros también hemos gastado mucho dinero. Y lo peor es que nos hemos endeudado para poner parches que no han servido para nada.Y ahora que necesitamos el dinero, no lo tenemos. Tendremos que reducir los gastos todo lo que podamos”

-. “¡Hay que ver cómo eres! ¡No sabes más que quejarte y tocarme los cojones! Acabo de admitir que es necesario hacer obra. ¿Tampoco estás contento?”

-. “Me alegro de que al fin veas lo evidente, pero no tengo más remedio que recordar a los vecinos que yo ya había avisado de que llegaríamos a esta situación. Pero para que veas que no es nada personal contra ti, me ofrezco a ayudarte”

-. “No hace falta, puedo yo solo. Y prometo que la derrama no será muy cara. Que hay muchos vecinos pensionistas que no pueden permitirse excesos. Por no hablar de los chavales que están estudiando. O esos ecuatorianos que viven en el 1º. Esta obra la van a pagar sobre todo los que más dinero tienen”

Dicho esto, cada uno subió a su piso. El presidente miró a su mujer, pero se dio cuenta de que hacía tiempo que ya no apoyaba su política económica. Diríase que había dimitido. Que le había abandonado despues de años amagando con divorciarse. Pero no le importó. Todavía le quedaban sus hijos. “Jóvenes e inexpertos, sí, pero al menos no me van a llevar la contraria mientras no se independicen”, pensó.

El del 2º Derecha iba a meter la llave en su cerradura cuando escuchó mucho jaleo dentro de casa. Abrió la puerta se hizo el silencio. Enseguida su mujer puso su mejor sonrisa y le preguntó qué tal le había ido con el presidente. Él les contó lo sucedido y todos le dijeron que llevaba más razón que un santo. Pero él no era tonto. Sabía que en el fondo lo que pasaba es que no se atrevían a llevarle la contraria. No le veían capaz de acabar con el presidente y ellos empezaban a pensar en el día despues de la derrota de su padre. Una más.

Era consciente de que estaba ante su última oportunidad. No podía desprovecharla. El presidente estaba débil. Desorientado. Había tenido que admitir aunque fuera a regañadientes que infravaloró la importancia de las grietas. Si no cuento con el apoyo de los míos, se dijo, lo disimularé y buscaré el respaldo de los demás vecinos.

Pero su plan tenía un serio problema. Con casi todos los vecinos tenía un amplio historial de enfrentamientos desde que su padre, con su imponente bigote y su mala leche, ocupó la presidencia. Sobre todo con los de los áticos. Para él, casi como si fueran extranjeros.¡Pero si se pasaban la vida quejándose de las normas de la finca! Demasiado independientes para su gusto.

En cualquier caso, estaba dispuesto a tragarse todos los sapos necesarios. Todo por la presidencia. Perdón, todo por salvar el futuro de la Comunidad. Además, algunos de esos vecinos siempre se dejaban convencer si les prometía algo a cambio bajo cuerda. Ya lo habían hecho otras veces. “¿Por qué no ahora?”

Mientras tanto, el presidente seguía a lo suyo. Sabía que había que hacer reformas. Se lo decían cada vez que hablaba con los presidentes de otras fincas. Su Comunidad iba camino de la ruina. Pero había vecinos muy reacios a meter la piqueta. Y le tenían pillado por los huevos. Algunos, despreciativamente, les llamaban los sindicalistas. El presidente sabía que esos vecinos tenían las armas para alborotar al resto del vecindario hasta hacerle caer. Y que si hasta ahora no las habían usado, era porque él había pagado religiosamente las deudas que contrajo con ellos para que le ayudaran a echar a su predecesor. El del bigote.

Y con esos dilemas llegaron a febrero de 2010.

El presidente, se preguntaba como hacer la reforma sin enfadar a los sindicalistas. Confiaba en que no se le fuera de las manos. “De momento voy a ganar tiempo. Pediré ideas a los vecinos. Diré que las estoy estudiando. Luego explicaré que estamos estudiando los presupuestos y eligiendo la cuadrilla de albañiles. Espero que mientras tanto baje la marea y calculo que para entonces habré recuperado la confianza de mis vecinos. O ya se me ocurrirá alguna idea para ilusionarles y que se olviden de las jodidas grietas”

El del 2º Derecha era consciente de que no podía dejar pasar esta oportunidad. Su última oportunidad. Aunque a veces se preguntaba para sí mismo si merecía la pena. Pensaba en los próximos años y le daba hasta pereza. “Si padre hubiera dejado el piso de Madrid a alguno de mis hermanos, yo ahora estaría feliz en Galicia, viendo el ciclismo y fumando mis puros despues de una buena mariscada”

Los hijos del presidente intentaban convencer a las fincas vecinas de que su crisis no era para tanto. Que pronto todo volvería a ser como antes, cuando les admiraban. Dependían tanto de su padre ahora que mamá se había ido. ¡Ella que tantas veces paró los golpes hasta que se cansó!

La familia del del 2º Derecha apoyaba en público a su padre, pero lo justo como para que no les identificasen con él en caso de que fracasara. Alguno incluso estaba seguro de que la Comunidad iría mejor si la gobernara alguno de sus tíos. Pero no podían decirlo muy alto. Al menos por ahora. Los que lo hicieron hace algo más de un año acabaron por tener que irse de casa.

Los demás vecinos no terminaban de pronunciarse. Se respiraba en el ambiente que el presidente había dejado de ser caballo ganador. A poco que preguntaras a unos y a otros, como si fuera una encuesta, hacía tiempo que se ve venir un cambio en la presidencia. Pero temían –sobre todo los de los áticos- que en su casa no entendieran que apoyaran al hijo del del Bigote, por mucho que pareciera más simpático que su padre. Quizá si le arrancaran algún regalo serían más comprensivos con ellos.

Los sindicalistas lo tenían claro. Con el presidente hasta el final. Si no le habían montado ninguna bronca en 6 años, ahora era demasiado tarde. Además, sabían que el presidente no se atrevería a hacer reformas drásticas. Aunque en el fondo sabían que era necesario cambiar algunas cosas para que la Comunidad tuviera futuro. Pero jamás lo reonocerían en público.

CONTINUARÁ….

PD: Ojalá que cualquier parecido con la realidad fuera pura coincidencia y que se pudiera decir que la historia aquí relatada no está basada en hechos reales.

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